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Internet exige una regulación para proteger a sus usuarios de los delitos que atentan contra la seguridad en la
web. Y no solo en Internet: las redes
informáticas se extienden por todo el mundo, agilizando los trámites de comunicación y abaratando los costes. Pero la seguridad siempre está comprometida,
y es la seguridad precisamente lo que hace rentables las telecomunicaciones.
Se puede decir que, actualmente, gran parte de las decisiones que afectan a los individuos descansan en datos
registrados en ficheros informatizados.
Estas bases de datos son desconocidas, ni siquiera sospechadas, por la mayoría de los usuarios informáticos. El
enorme tráfico generado a través de las
distintas redes, no solo Internet, es incalculable. En muchos casos, la obligatoriedad de suministrar los datos personales en tiendas y portales virtuales
cuando se desea adquirir o disfrutar de algún bien o servicio, da la sensación
de que la privacidad del usuario está desprotegida, y genera una desconfianza que
ralentiza la masiva implantación del comercio electrónico.
En realidad, el desarrollo de la sociedad de la información ha trasladado gran parte de la actividad económica a
la red. La velocidad de este medio impone una
alta competitividad, y confunde la línea que separa la vida privada de la profesional.
Realmente, es comprensible que, con el flujo de datos que se manejan, las empresas
que convenzan al usuario en cuanto a la seguridad y protección de sus datos personales
sean las que obtengan más éxito. Por lo tanto, la búsqueda de la seguridad por medio
de una legislación adecuada es el objetivo más inmediato para muchos de los especialistas
en el nuevo mercado del e-business. |