| Cuando
hablamos de cibercrimen los números sobre pérdidas económicas
siempre son destacables y en esta ocasión, más que llamativos:
un reciente estudio de la consultora Gartner Group revela que
hasta el año 2004 las empresas perderán entre un 1.000 y un
10.000 por ciento más por los agujeros de seguridad con los que
cuentan sus redes de trabajo. Estos datos son avalados por otra
investigación, que señala que más de un 35 por ciento de los
departamentos de Tecnología de la Información de las empresas
han experimentado accesos no autorizados a sus sistemas
informáticos.
Este segundo estudio de Natasha David, analista senior de
software de International Data Corporate, señala que las
brechas de seguridad que provocaron estas incursiones eran en su
mayoría severas y que el 56 por ciento de los agujeros de
seguridad se deben a motivos internos. Un tercer análisis de la
Communications Management Asociation también ha puesto de
manifiesto que una de cada tres organizaciones en el Reino Unido
ha sido víctima del cibercrimen de algún modo.
Por su parte, en el país abanderado de las nuevas
tecnologías, el Gobierno Federal de Estados Unidos sí parece
empezar a tomarse en serio los constantes ataques a sus agencias
gubernamentales, que cuentan con un triste 25 por ciento de
sistemas vulnerables, según un informe del Internal Revenue
Service (IRS). El organismo estatal destina un uno por ciento de
su presupuesto a la seguridad e inversión en tecnología anti-hacker,
cifra que, aunque todavía escasa, refleja una de las más altas
preocupaciones por esta ciberdelincuencia.
Lo que tiene que ser un mayor esfuerzo en materia de
seguridad, tanto por parte de empresas privadas como de
organismos oficiales, quizá debería contar con más respaldo
legislativo. En este sentido, los legisladores estadounidenses
se están planteando requerir a las firmas un informe desglosado
de las medidas de seguridad que vayan a aplicar con el fin de
proteger la confidencialidad de los datos que gestionen, tal y
como se demandó en el pasado ante el temido "efecto
2000". |