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El Gobierno estadounidense reconoce que los ataques
cibernéticos que se pueden lanzar contra su país no serían
tan simples como los ataques de virus o piratas informáticos.
Esta es la razón por la que ha pedido a la industria que
incremente los niveles de seguridad en la Red.
La afirmación ha sido tajante por parte de Richard Clarke,
consejero del presidente norteamericano George Bush en materia
de seguridad en el ciberespacio: "Nuestros enemigos
utilizarán nuestra tecnología para hacernos daño. Puede que
no sean capaces de desarrollarla pero sí la entienden".
Con estas palabras el mensaje queda claro, el Gobierno es
consciente de que el país es un claro objetivo cibernético y
por ello pide a las tecnológicas que no se lo pongan fácil a
los terroristas y dediquen más tiempo y dinero a corregir los
agujeros de seguridad y vulnerabilidades que pueden hacer que
Internet sea frágil.
Por otro lado, Clarke que participó en una conferencia
organizada por Microsoft en Palo Alto (California) criticó la
falta de iniciativas del sector tecnológico para reforzar la
seguridad. Además, aprovechó su presencia para recordar la
propuesta del gobierno de crear "Govnet",
una Internet paralela destinada a albergar determinadas
informaciones que necesiten un nivel elevado de seguridad. A
este respecto aseguró que esta red no reemplazará a Internet
sino que crearía intranets especiales para ciertas funciones
como controlar el tráfico aéreo.
La tesis de un ataque cibernético es compartida por muchos
expertos en seguridad, en esta línea, Steven Roberts cree que
los terroristas van a irrumpir en la Red con virus, troyanos y
robos de contraseñas. Esta afirmación refleja la realidad si
se tiene en cuenta que agencias de seguridad estadounidenses
como la CIA y el Pentágono ya han detectado enemigos que lanzan
sus ataques contra instituciones financieras y redes de
comunicaciones.
Paralelamente, se ha conocido la noticia de que los militares
estadounidenses se están preparando para utilizar la
información como arma en la guerra contra Afganistán. Su
objetivo no es otro que interferir en los sistemas de defensa
aérea, destruir su logística y, posiblemente, infectar su
software. Estas mismas herramientas se podrán utilizar para
atentar contra los países acusados de albergar terroristas y,
además, deberían servir para defender las redes mundiales de
un ataque civernético.
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