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El gusano Cheese se encuentra desde hace un par de días en el
punto de mira de los profesionales informáticos y expertos en
seguridad, para tratar de clarificar si sus efectos
podrían considerarse benignos o, por el contrario, será
siempre un virus con ninguna consecuencia positiva.
Cheese se extiende por sistemas Linux aparentemente con un
noble objetivo: instalar un parche en equipos previamente
infectados por otro código, este sí claramente maligno, el
gusano Lion. El gusano Lion
apareció en Marzo de este año, valiéndose de una
vulnerabilidad BIND para difundirse por las redes e instalar un
backdoor en los equipos que conseguía infectar.
El objetivo para el que ha sido programado en un principio
Cheese es el de instalar en estos PC´s la utilidad que corrige
la brecha abierta por el backdoor de Lion para después escanear
el puerto TCP 10008 en busca de otras máquinas afectadas por
Lion para corregirlas. El gusano "bueno” instala un
archivo en el directorio /tmp/.cheese y reescribe inetd.conf
para borrar toda línea que contenga /bin/sh.
Sin embargo, esto demuestra precisamente que una pequeña
modificación en el código de Cheese podría convertirlo en
altamente destructivo.
Eso sin entrar en que la ejecución automática del código
arbitrario de este gusano, por muy buenas intenciones con las
que se disfrace, se lleva a cabo sin conocimiento ni
consentimiento expreso del usuario, por lo cual ¿puede
considerarse ética o recibirse con las “puertas abiertas”?.
Según declaraciones recogidas por www.zdnet.com del analista
Kevin Houle, miembro del Centro Coordinador CERT (Computer
Emergency Response Team) de la Universidad de Carnegie Mellon,
“esencialmente, Cheese hace lo mismo que cualquier otro
intruso, es decir, modifica un sistema de forma desautorizada y
lo utiliza para atacar otros sites”.
La polémica en el mundo de los virus está servida, una vez
más. |