|
Una cosa está clara, en situación de
crisis, manda más el corazón que la cabeza y eso es lo que
está ocurriendo en EEUU. Tras los atentados perpetrados el
pasado martes día 11, con los que quedó más que en entredicho
la seguridad nacional del país norteamericano, ahora llegan las
medidas represivas que las autoridades ven como única solución
para que actos como aquellos no vuelvan a suceder. La opinión
pública, no sólo estadounidense, está dividida entre los que
están más que dispuestos a ceder una parte de su libertad por
defender a la nación y los que no ven como bueno recortar la
privacidad de los individuos para favorecer la seguridad
nacional.
La situación, lejos de solucionarse parece
que va para largo. Ya la semana pasada se agravó cuando el
Senado hizo público la serie de medidas que había redactado,
bajo el nombre de "Combating Terrorism Act of 2001",
una nueva ley antiterrorista que viene a limitar las libertades
en la Red. De momento, el Gobierno norteamericano ha recibido
tanto muestras de apoyo como quejas, la última de estas
protestas ha sido protagonizada por la organización no
gubernamental Reporteros Sin Fronteras (RSF) que ha enviado una
carta al Senado y a la Cámara de Representantes en la que
apunta que la emoción legítima provocada por los atentados no
debe provocar una revisión de las libertades garantizadas por
la primera Enmienda de la Constitución americana. Además, el
escrito también refleja la preocupación de la organización
ante la posibilidad de que las autoridades ilegalicen los
programas de encriptación que permiten salvaguardar la
confidencialidad e intimidad de las comunicaciones
electrónicas. De hecho, el Gobierno ya dio luz verde al FBI
para que, horas después de los atentados, se personase en las
oficinas de los principales proveedores de acceso a Internet e
instalaran programas "Carnívoro", un software que
permite interceptar las comunicaciones de los clientes. Por su
parte, los ISP´s se han defendido alegando que no han tenido
que los datos de sus usuarios no se han visto vulnerados en
ningún momento.
Por otro lado, un grupo de activistas
tecnológicos también se han reunido para hacer saber a
diputados y senadores norteamericanos que se deben respetar,
incluso en tiempos de guerra, las libertades consagradas en la
Constitución, incluida la protección a la privacidad. En esta
línea, Rob Carlson, uno de los miembros del grupo que incluye
administradores de sistemas y programadores de código abierto,
ha criticado que el Congreso vote leyes contra el terrorismo que
amenacen la privacidad de los ciudadanos del país. El objetivo
principal de los activistas informáticos no es otro que
defender las libertades civiles y prepararse, si es necesario,
para una ardua "lucha" contra el Capitolio.
En definitiva, defensores de la privacidad
versus protectores de la seguridad nacional se seguirán viendo
las caras en una dura batalla, que ya viene enfrentándoles hace
tiempo. Pero, ahora parece ser que la balanza se inclina del
lado de las autoridades gubernamentales que tienen a su favor a
los miles de muertos, víctimas de los tristes sucesos
acontecidos la semana pasada en Nueva York y Washington.
Todas las noticias del
ataque...
|